Los volcanes de México

Texto y fotografía Carlos González Junio 26, 2015
Los volcanes de México

Los volcanes de México

A la actividad de subir montañas se le ha llamado alpinismo, montañismo, vulcanismo o andinismo, dependiendo del lugar en donde se practique. En México las montañas más altas son volcanes, algunos aún con actividad, como el Nevado de Colima, el Popocatépetl y el Pico de Orizaba. Nuestro volcanes siempre han sido asociados a leyendas y magia, y al heroísmo de muchos montañistas mexicanos, incluso antes de la llegada de los conquistadores españoles.

El Popocatépetl, 5 422 msnm, es un lugar de fácil acceso. Hasta hace pocos años, muchas familias lo visitaban los fines de semana, los montañistas anhelaban llegar a su cima y otros más disfrutábamos de escalar en hielo en su zona de grietas. Después de muchas décadas de aparente inactividad, el 21 de diciembre de 1994 despertó con una gran erupción. Curiosamente casi un año antes el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en el estado de Chiapas, salió a la luz pública el 1 de enero de 1994: dos explosiones, una geológica y otra social. A partir de entonces el acceso al volcán está controlado y prohibida la permanencia en un radio de 12 km alrededor de su cúspide. Ahora sólo recordamos con nostalgia nuestras aventuras en esas alturas.

Afortunadamente todavía contamos con La Malinche y el Nevado de Toluca a los que podemos ascender sin mayor problema. Claro, para intentarlo debemos estar preparados con buena condición física y ropa adecuada para ascender sus laderas. Debido a que rara vez se encuentran nevados, sólo es necesario caminar algunas horas y trepar entre algunas rocas para llegar a sus cimas. Ocasionalmente se presenta alguna nevada durante los meses de lluvia o durante el invierno; de otra manera, no se requiere equipo especializado.

La Malinche

Este volcán extinto, límite natural entre los estados de Puebla y Tlaxcala, tiene 4 460 m de altitud. Se localiza al oriente de la ciudad de México; Matlalcuéyatl o Matlacuéyatl es el nombre que los indígenas tlaxcaltecas daban al volcán y se traduce como “fuente azul” o “la de enaguas azules”. Se encuentra dentro del parque nacional del mismo nombre. Un pequeño bosque de pino, oyamel, encino, ocote y grandes pastizales rodean esta montaña en sus partes bajas. Ahí habitan coyotes, gato montes, tlacuaches, conejos, ardillas, una gran variedad de pájaros y jaurías de perros callejeros. La montaña tiene forma de cresta, con varios picos de laderas largas y barrancas profundas. Tiene dos cumbres: la sureste es su punto más alto; la noroeste, de menor altitud. La mancha urbana y las tierras de cultivo son una constante amenaza para el bosque, que ya se encuentra bastante deteriorado.

El ascenso requiere entre cuatro y seis horas dependiendo de la condición física, entre una vereda boscosa que llega a los arenales donde los árboles son remplazados por pastizales y de ahí hasta la parte rocosa donde el musgo es el único vegetal que puebla esas alturas. Cuando hay buen clima, desde su cumbre se logra disfrutar de una fabulosa vista de los pueblos aledaños.

Nuestro ascenso inició con un día soleado; en la parte final el clima empeoró y aunque la nieve no cayó, la neblina y el viento fueron suficientes para dificultar el ascenso. Durante el ascenso a La Malinche se puede observar la drástica transición de los paisajes: de bosque a pastizales, hasta perderse por completo la vegetación a gran altitud.

La cumbre es una peña rocosa por la que hay que moverse con cuidado. Las rachas de viento y la neblina impidieron disfrutar el paisaje y el viento helado de esas alturas obligó a descender a los pocos minutos de haber llegado a la cumbre. El descenso hasta el auto se llevó a cabo sin contratiempos. Con una deliciosa comida festejamos nuestro breve, pero exitoso ascenso.

Nevado de Toluca

Este volcán extinto es la cuarta elevación de México, con 4 690 msnm. Se calcula que tuvo su primera erupción hace 900 años. También llamado Xinantécatl, “hombre desnudo”, en náhuatl. Se encuentra a 22 km al suroeste de Toluca, en el Estado de México. En su bosque de pinos y abetos habitan teporingos, ardillas, tlacuaches, serpientes, lagartijas, águilas y buitres. A lo largo del tiempo se ha convertido en lugar para paseos de fin de semana y centro de entrenamiento para muchos atletas. En las partes bajas de la montaña se encuentra un albergue bastante grande, aunque en no muy buenas condiciones y un área con bancas y asadores. Ahí los lugareños venden antojitos.

El volcán forma parte del parque nacional del mismo nombre, declarado en 1936, con un área de 1 517 kilómetros cuadrados. Para ingresar se tienen que pagar dos cuotas: una para los ejidatarios y otra para trasladarse en auto al cráter. La terracería bastante aceptable conduce al interior del cráter donde se encuentra uno de los paisajes más impresionantes de México. A una altitud de 4 200 m se encuentran las lagunas de la Luna y del Sol, la más grande. El Xinantécatl también tiene dos cumbres: al sur, El Pico del Fraile, su principal cima; al norte, a 4 640 msnm, está su cima secundaria, el Pico del Águila.

Cuando llegamos al parque el día era bastante soleado, pero tan pronto iniciamos el ascenso hacia el Pico del Fraile, las nubes empezaron a cubrir al volcán, y conforme ascendíamos el viento se desplazaba con más fuerza. Al llegar a la cresta sur, cerca de la cumbre, el viento era tan fuerte que nos obligó a descender rápidamente de la cima. Por suerte las nubes se disiparon algunos momentos y pudimos apreciar en toda su magnitud el Xinantécatl.

La Iztaccíhuatl

La Mujer de Blanco, como también se le llama a este volcán, tiene una altitud de 5 220 m en el llamado parque nacional Izta-Popo Zoquiapan, declarado el 8 de noviembre de 1935. El área ha sido criminalmente devastada por la tala ilegal, por los incendios (muchos de ellos provocados) y por el pastoreo de ganado, lo cual sólo ha dejado pequeños manchones de bosque; además, el pago de la expropiación a los ejidatarios, lamentablemente, sigue pendiente. Sólo recientemente se han aplicado programas de reforestación, control del ganado y se ha instalado señalética, que en los 30 años que tengo de visitar este lugar nunca antes había visto. Debido a la erupción del Popocatépetl, desde 1994 existe acceso controlado al parque, al menos en la zona de Amecameca-Paso de Cortés. Sin embargo, este control no vigila ni penaliza a quien daña, contamina y destruye el parque.

En la actualidad la nieve y el hielo se pueden localizar sólo arriba de los 5 000 m, y el glaciar sigue en retroceso, en parte por la tala indiscriminada del bosque, que provee de humedad al volcán.

La Iztaccíhuatl (del nahuatl iztac, blanca y cíhuatl, mujer: mujer blanca) es una montaña que representa a una mitológica princesa azteca. Este volcán es la tercera montaña más alta de México y se localiza entre los estados de México y Puebla. Vista de lejos, desde el este y el oeste semeja a una mujer acostada y su silueta marca diferentes elevaciones como La Cabeza, al norte, El Pecho a 5 222 msnm, La Barriga, Las Rodillas y Los Pies. Algunos datos documentan el primer ascenso en 1889, pero evidencia arqueológica indica que los aztecas ascendieron esta montaña mucho antes. En el parque, por la parte del Estado de México, se han detectado nueve adoratorios prehispánicos: cinco en la Iztaccíhuatl y cuatro en el Popocatépetl.

Para ingresar al parque el visitante tiene que firmar una carta de deslinde de responsabilidad y entregarlo a las autoridades debido a la actividad del Popocatépetl.

Cerca de las faldas de la montaña se encuentran dos albergues de media montaña, uno de ellos muy grande y poco usado en el paraje llamado Paso de Cortés.

El otro está en la cima del cerro Altzomoni a una altitud de 4 000 m. El albergue cuenta con tres habitaciones con cuatro literas cada una, chimenea, algunas mesas, bancas, energía eléctrica, sanitarios y agua en tambos. El servicio cuesta 20 pesos a cada persona por noche y es adicional al pago de la entrada al parque.

La noche en el Atzomoni fue tranquila; mi reloj me despertó a las tres de la mañana para levantarme. Minutos más tarde mis compañeros, muy adormilados, también se incorporaron. No hacía frío. Bueno, no tanto. El cielo se podía admirar completamente estrellado, sin nubes y sin viento. Dejamos el vehículo en la Joya y con las lámparas en la cabeza iniciamos el ascenso por la ruta de Los Pies. La luz nos encontró en el albergue del Grupo de los Cien. En lo alto las nubes se empezaban a formar; ya con luz, pero en la sombra, reiniciamos el ascenso. Al llegar a La Rodilla, el viento era más fuerte y las nubes no dejaban ver la cumbre. He realizado este ascenso muchas veces y la experiencia me hacía suponer que el clima nos permitiría llegar a la cumbre. La rampa para ingresar a La Barriga estaba cubierta de hielo y aunque tiene unos cuantos metros era necesario colocarse los crampones. Con esfuerzo y decisión llegamos al Pecho, a la cumbre. Estábamos cansados, pero contentos. El viento nos enfriaba rápidamente por lo que iniciamos el descenso agotados, sudados, empolvados y hambrientos, pero muy contentos llegamos a la Joya.

Pico de Orizaba

El también llamado Citlaltépetl (del náhuatl citlall, estrella, y tepetl, montaña) es un volcán activo y el pico más alto de México, con altitud de 5 610 metros. Se localiza en el límite entre los estados de Puebla y Veracruz, aunque la punta del volcán se ubica en aquél.

Ocupa el tercer lugar entre las montañas más altas del norte de América, tan sólo superado por el monte McKinley en Alaska, 6 194 m y el monte Logan en el territorio del Yukón, en Canadá, 5 959 metros.

Actualmente está activo, pero en apariencia no representa ningún peligro. En 1848 fue escalado, posiblemente por primera vez, por Alejandro Doignon. El 4 de enero de 1937 el presidente Lázaro Cárdenas decretó la creación de un parque nacional de 19 750 hectáreas.

Después de tener una buena aclimatación, ascendiendo los tres volcanes anteriores, decidimos subir al Citlaltépetl en dos días. En el primero nuestro buen amigo Joaquín Canchola y su familia nos llevaron en sus vehículos especiales al albergue de Piedra Grande, la ruta clásica para la ascensión. El viejo camión de Joaquín, parece que se va a desbaratar, pero con su doble tracción permite subir por la descompuesta y empinada terracería que lleva al Pico de Orizaba. Al terminar el asfalto inicia una terracería cómoda. A medida que se avanza se va tornando complicada, y en temporada de secas el polvo se levanta haciendo incómodo el trayecto.

Después de comer sólo quedaba dormir pues iniciaríamos el ascenso muy temprano.

A las 1:30 nos despertó Roberto, era la hora de tomar algo caliente y alistarse con todo lo necesario para este gran día. La madrugada estaba tranquila y completamente estrellada. Con buen ánimo y todo listo empezamos a subir. La Luna llena brillaba intensamente y su luz nos permitía ver con facilidad el camino, primero por un roquerío y más adelante sobre manchones de hielo. Muy cerca del glacial de Jamapa es necesario el uso de los crampones, de esta manera el camino es más sencillo. El amanecer nos sorprendió sobre la ladera principal del cráter.

La nieve estaba muy firme y permitía pisar con mucha seguridad. El frío me obligaba a caminar más rápido que mis compañeros. Ellos a su ritmo avanzaban con tenacidad. A las 8:00 horas nos encontramos en la cumbre. Sin nubes y sin viento, disfrutamos un día perfecto sobre la cumbre más alta de México y quizás éramos las únicas personas a esa altitud en todo el mundo. Mis compañeros llegaban uno a uno. El esfuerzo los había llevado al cansancio extremo, las lágrimas de felicidad afloraban y todos reunidos en la cumbre nos abrazábamos satisfechos. Lo habíamos logrado.

Aunque salir de la ciudad de México siempre es un calvario, y el tráfico lento hace las distancias y el tiempo interminables, eso es una cuota que tenemos que pagar y vale la pena, pues recorrer carreteras y adentrarse entre maizales y bosques es muy gratificante: vitaliza cuerpo y espíritu. Caminar en estas montañas es una experiencia única.

Para realizar el ascenso a las cumbre es necesario contar con experiencia o ir acompañado de un guía profesional, vestir ropa adecuada, contar con buena condición física y, sobre todo, encontrarse muy motivado y estar preparado para caminatas de varias horas.

Llegar a sus cimas es una experiencia de vida y si no se logra, caminar en sus valles y saborear parte de nuestra comida tradicional a base de maíz, frijoles, huitlacoche, flor de calabaza, con una deliciosa salsa picante es también placentero y muy sabroso.

Estoicismo e indiferencia, claro que no: el frío se siente, la garganta se seca, el viento golpea la cara y en ocasiones el sol quema la piel. Satisfacción, claro que sí, pues se logra superar los límites personales del cansancio, de lo cotidiano. Se vive una extraordinaria experiencia que sin limitaciones nos permite compartir las lágrimas de gozo, del esfuerzo que nos brinda una recompensa: vivir plenamente, con placer, y la montaña nos ofrece esta oportunidad. 

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