Edición 43

Editorial 

Por las presiones del trabajo y otras preocupaciones, no había tenido tiempo para ver y escuchar un regalo que recibí de mis hijos el día de mi cumpleaños. Finalmente, hace unos días logré conjuntar tiempo libre e interés para hacerlo. Me senté en el sillón y me dispuse a ver y oir el concierto mundial Live 8, que se llevó a cabo el 2 de julio del 2005, con el fin de crear conciencia sobre la miseria que sufren las personas más pobres de África. Al ver las imágenes, no pude evitar reflexionar sobre las situaciones ahí descritas. Independientemente de los intereses comerciales que originaron este concierto, no dejo de pensar en toda la injusticia narrada, que occurre desde siempre.

Una conclusión que se desprende del regalo de mis hijos es que la miseria que han originado los gobiernos no sólo afecta directamente a las personas, también el suelo sobre el que caminamos y los recursos naturales han sido explotados y saqueados por siglos.

La falta de agua dulce también es un problema grave; a la contaminación de este líquido se suma la angustia de la población, que aumenta día a día por el control mercantil voraz, que deja a millones de personas en una sequía permanente, que los está llevando a una deshidratación mortal.
El agua en todas sus formas es necesaria para la conservación de la vida, y por ello su acceso debe ser un derecho garantizado para todos, en las rancherías, pueblos y ciudades. También debe ser un compromiso personal usarla adecuadamente: para beber, lavar, regar los campos, o mover las industrias. Garantizar que su ciclo se realice correctamente es un compromiso de vida.

Existe una incipiente industria, que al igual que otras requiere de este liquido vital para desarrollar y ofrecer diversos productos: el turismo de naturaleza o ecoturismo. Así mismo, esta creciente industria debe optimizar sus servicios y basar sus operaciones sobre una filosofía de bajo impacto a la naturaleza y el principio de sustentabilidad: uso de los recursos de forma integral para que estos sean la base de los ciclos económicos, que se pueden cumplir sin dañar la naturaleza.
Para cumplir lo anterior, es necesario tener un compromiso verdadero y honesto, en el que prevalezca la conservación y el mejoramiento de los recursos naturales, unido a un servicio personalizado, eficiente, seguro y cordial para los visitantes.

De cuatro discos, sólo escuché el primero; la angustia de saber que el problema continúa se mezcla con la esperanza de que un día todos tomaremos conciencia de esta situación y con nuestro granito de arena crearemos soluciones, ¡ojalá no sea demasiado tarde!

Carlos González