Edición 54

Editorial

En reiteradas ocasiones hemos comentado la importancia que tiene para México el turismo de naturaleza, una gran industria que potencialmente podría generar un mayor desarrollo en áreas rurales y proyectos productivos que permitan un mejor nivel de vida de las comunidades, sin olvidar la conservación del entorno. Existe un gran número de proyectos sustentables en todo el país, sin embargo, no todos han tenido éxito: la mala inversión, conflictos de intereses entre los propietarios o deficiente administración no les han permitido cumplir con su propósito.
Para lograrlo, es necesario la asesoría de expertos consultores y que los propietarios tomen conciencia de la magnitud del proyecto y se comprometan a llevarlo a cabo de la mejor manera posible. Cambiar de hábitos, de usos y costumbres no es fácil, pues por generaciones algunos habitantes se han dedicado a la tala de bosques o la caza indiscriminada.

Ahora tendrán que cuidar el bosque y respetar la fauna, ya que dentro de este nuevo concepto de cuidado del ambiente todos los recursos naturales se convierten en capital turístico: los bosques, las plantas y animales del campo se pueden seguir explotando, pero ahora su aprovechamiento incluirá un programa de conservación. Ante este panorama, es fundamental tomar conciencia y comprometerse con los proyectos sustentables, ya que son éstos los que nos permitirán aprovechar los recursos naturales de forma ordenada y harán posible que las generaciones futuras puedan beneficiarse al igual que sus antecesoras.
El ecoturismo no sólo busca la recreación y el esparcimiento al visitar área naturales; al conocer e interactuar en sus ecosistemas, también pretende generar conciencia en su cuidado y conservación: cuando uno se divierte, también se aprende de la vida de las plantas o los hábitos de algunos animales. Al conocer diferentes ecosistemas podremos cuidarlos, y así daremos un gran paso en la sustentabilidad. Los beneficios son muy importantes: mientras paseamos, como turistas apoyamos el desarrollo de las comunidades rurales, y a la vez tendremos menos contaminación y finalmente un ambiente más sano.

Nosotros seguiremos promoviendo el ecoturismo y el turismo de aventura para que se haga de forma responsable, pero sin olvidar uno de sus principales propósitos: divertirse.

Recuerden, el ecoturismo es sinónimo de respeto y conservación de la naturaleza, es una actividad para quien gusta de caminar, observar, escuchar y aprecia los sonidos de los pájaros, del viento en las hojas de los árboles, de la lluvia o del agua al correr entre las rocas de un río, donde el ruido de máquinas no tiene cabida. Así que, para hacer ecoturismo, es necesario alejarse del automóvil, caminar despacio y abrir todos los sentidos: un mundo de sonidos, colores y formas vivientes nos espera.

Carlos González