Edición 76

Editorial

La práctica del deporte es un asunto que requiere disciplina, trabajo duro, sistemático y, por supuesto, el gusto y placer por realizarlo y alcanzar metas, resultados. Sin embargo, la profesionalización de la enseñanza por parte de profesores y entrenadores, así como la práctica por los deportistas, no se da en muchos casos.
La improvisación es frecuente y la falta de un compromiso serio de muchos entrenadores o capacitadores se sustituye con el oportunismo de conocer un poco de cierta actividad: “Yo jugué (o practiqué) por algún tiempo, y no lo hice tan mal”, presumen algunos y sin más, ponen en sus manos la seguridad de jóvenes que confían su integridad física y mental a ellos, cuyos conocimientos son deficientes.
¿Cómo padres o hermanos pondríamos a un familiar en manos de estos seudo capacitadores? Pensamos que no.


Es importante que la capacitación sea dirigida por personas preparadas, es decir, que el futuro guía del turismo de aventura identifique con claridad cuáles son las prioridades de su trabajo: la seguridad y la atención al cliente; en ellas se resumen todos los conocimientos que, junto con la experiencia, harán de estos guías verdaderos profesionales.
La responsabilidad no sólo recaerá en el supuesto entrenador o capacitador; quien recurra a él (ya sea personal, privado o institucionalmente) también será responsable de elegir una buena o mala capacitación. En muchos casos por cuestiones burocráticas, bajo costo o la corrupción, se contrata a capacitadores que distan mucho de cubrir las características de una capacitación profesional en el área solicitada.
Las víctimas de estas decisiones serán los futuros guías y las personas que utilicen sus servicios. Los guías mal entrenados ejercerán su trabajo de forma anómala y pondrán en riesgo su integridad física y la de las personas que los acompañan.
En las actividades de aventura el problema es bastante serio. A diferencia de las incomodidades por un mal servicio en un hotel, en las actividades en naturaleza hay riesgos implícitos en cada una de las etapas del recorrido, lo que exige un control estricto de cada detalle: un inapropiado servicio no sólo provoca malestar, sino incluso accidentes serios o mortales.
La deficiencia en la capacitación de un prestador de servicios y la indiferencia de las personas para comprobar la calidad de los mismos antes de hacer uso de ellos, generan un panorama propicio de incidentes. Muchas personas sólo piensan en pasar un buen rato al vacacionar y realizar actividades como la escalada en roca, el espeleísmo, el cañonismo, el campismo, la cabalgata o navegar en balsa por un río; para que esto ocurra, deben elegir con cuidado el guía o empresa en los que pondrán su confianza.

Hagamos que las actividades en la naturaleza y el turismo de aventura sean memorables, por la salud mental y física de todos, y por la conservación del ambiente.

Carlos González